J. Santana

Sin remite, anónima

In Uncategorized on 29/09/2016 at 18:12

Recogí los pedazos de un desestructurado presente ahora ya pasado, escapé de aquel escenario que finalmente solo me recordaba a ti,  a tus ojos brillantes,  en cada esquina, en cada almohada… Cuando tu ya te habías ido.

Cubrí de mariposas los recuerdos para que el leve tintineo de las alas me regalase pinceladas de olvido… Huí intentando olvidarte entre las calles de una gran ciudad, lejos… Siempre se ha dicho que la distancia es el olvido .

Salté, salté con fuerzas, salté con energías y volé, volé de nuevo entre nebulosas borrachas de silencio, y allí dejé las esperanzas, guardadas con celo entre las nubes. Durante un rápido viaje de metro lo anoté en una hoja que a medio camino del viaje, dejé volar caprichosa en la oscuridad del túnel. ¿Qué decía la hoja?:

Aún intento olvidarte… Entre las calles de esta ciudad donde no estas, donde tampoco consigo olvidarte…

Y la hoja llegó a ti sin remite, anónima, sin esperar respuesta, porque no hay nada que decir cuando ya lo hemos dicho todo…

Has despertado al Eros dormido. Has revitalizado esa maravillosa parte de mi, y por eso te hago este regalo literario, gracias por existir… Eros.

 

Adenda. Después de muchos años guardada, ésta entrada dedicada -y enviada a su destinatario- que nunca vio la luz en el blog tiene hoy su momento de gloria, nunca fue pensado para permanecer años como un eterno borrador,  aunque su protagonista sea solo un simple recuerdo que ya  hoy se confunde entre sueño y realidad.

Anuncios

Mariposas de colores

In Uncategorized on 28/09/2016 at 08:12

Al entrar en aquel lugar encontró cientos y cientos de mariposas, de innumerables colores, que revoloteaban caprichosas casi al unísono, en un baile de mariposas, casi celestial, mágico. La luz cenital creaba un precioso efecto prisma, que iluminaba las paredes de aquella sala de colores reflejados. A la vez que el movimiento de las alas creaba destellos brillantes de luz ilusionada. Cruzó el umbral de alas y llegó a un lugar que parecía olvidado. Nadie había querido entrar allí por años, las mariposas asustaban a todo el que lo intentaba. A veces las más bonitas apariencias crean las ironías más curiosas.

En el centro de la estancia una flor, una rosa roja recién cortada. Custodiada por tantas mariposas, que la mantenían intacta, fresca sin explicación aparente. Tirada en el suelo como un objeto sin valor, que nadie había querido recoger, allí pasaba impasible el paso del tiempo. Al recogerla, una traicionera espina le hirió sutil, pero profundamente y de golpe la rosa cayó al suelo. Las cosas más bonitas tienen siempre un lado oculto.

El pinchazo le hizo retroceder, percatarse de que en aquella extraña sala caía una llovizna suave, cargada de melancolía y nostalgia. Sin darse cuenta, con una lágrima tímida en su mejilla, fue lentamente retrocediendo, al chocar con el umbral de alas de colores éstas cayeron al suelo con un sonoro crujir de cristales quebrados. Allí yacían todas las mariposas en el suelo, inertes, apagadas, rotas… Asustado por la incómoda sensación de caminar sobre todo aquello ahora roto y sin color… Salió corriendo… La última brizna de destello y color que quedaba viva lo vio alejarse…

La lluvia continuó mojando aquella sala vacía, los cristales de mariposas de colores desaparecieron, y sin quererlo en el centro de todo aquello, una única mariposa batía las alas caprichosa pero suavemente esperando… Esperando algo que no sabía si pasaría, alguien que no sabría si vendría… Esperando. Sola. Esperando mariposas de colores… Eros… Con alas de mariposa soñadora…

Brisas de un caluroso otoño

In Uncategorized on 05/10/2015 at 21:24

Algunas veces sin querer nos miramos en un espejo, y por un instante no reconocemos a quienes vemos en el reflejo. Esta claro que pequeñas partes de nuestro yo van muriendo conforme vamos haciéndonos mayores; mueren, o las vamos dejando morir. La rutina, esa bestia despiadada que arrasa con todo, es ideal para que algunos lados de nuestro dodecaedro interior se rompan. Sin querer nos transformamos en un un simple cuadrado de un solo plano, sin sombra si quiera, sin reflejo de lo que éramos. Cuando a veces de pronto nos damos cuenta de como éramos hace ya tiempo… ¿Cómo éramos?

Quizás nuestros nuevos desafíos, nuestras aceptadas derrotas, nuestros sueños ya olvidados han dado paso a eso que ahora se supone que alguna vez soñábamos con ser y ahora somos, ahora somos lo que nunca soñamos ser. Probablemente nuestra realidad es diferente, ni mejor ni peor, simplemente distinta al comienzo. Vencedores de grandes batallas, derrotados de otras tantas…. Eso somos. Resultado de nuestras decisiones.

Somos, por tanto, culpables de esos lados rotos, responsables de habernos dejado romper, de habernos acomodado, renunciando a una parte de nuestros sueños. Pero al menos, a veces nos damos cuenta y despertamos de ese letargo para romper las cadenas de la monotonía e intentar ser como queremos ser, soñar sin cadenas, luchar con ganas. En la brisa de una cálida tarde de octubre, Eros.

A %d blogueros les gusta esto: